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Hombre y Sociedad

Archivo: Noviembre 2007

02/11/2007 GMT 1

Lectura 15: REFLEXIONES SOBRE EL SOCIALISMO DEL SIGLO XXI

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NUESTRO SOCIALISMO




La concentración del capital sigue avanzando a pasos acelerados, como bien lo señaló hace más de 150 años Carlos Marx. El desarrollo de las fuerzas productivas, a través de la revolución tecnológico-científica de las décadas del 80 y 90, imprimió una mayor fuerza en esa dirección. Como consecuencia de ello, poderosas empresas multinacionales incrementaron su poder, se fusionaron con otras o las absorbieron, llegando a la cifra escandalosa de que las 200 empresas oligopólicas más importantes manejan el 26 por ciento de la producción mundial.

En síntesis, conjuntamente con esa tremenda concentración del capital y las riquezas en pocas manos, el mundo actual padece guerras, hambre y desolación; es el mundo regido por las leyes del Capitalismo, por su lógica intrínseca y por su más feroz expresión: el imperialismo global hegemónico nazifascista.

Pero, el Capitalismo de hoy atraviesa por una etapa de profundas contradicciones, irresueltas desde su nacimiento y de imposible resolución en el marco del propio sistema. El intelectual húngaro Istzán Mészáros, en su libro “Socialismo o Barbarie”, señala, entre las principales contradicciones que son insuperables dentro del Capitalismo: 1) la producción y su control; 2) la producción y el consumo; 3) la competencia y los monopolios; 4) el desarrollo y el subdesarrollo (centro y periferia); 5) la expansión económica mundial y la rivalidad intercapitalista; 6) la acumulación y la crisis; 7) la producción y la destrucción; 8) la dominación del trabajo y la dependencia del trabajo; 9) el empleo y el desempleo; 10) el crecimiento de la producción a cualquier precio y la destrucción del medio ambiente.

Este cúmulo de contradicciones insuperables por el sistema capitalista se traduce hoy en pobreza para las grandes mayorías, guerras, hambrunas, explotación y deterioro del medio ambiente. Nunca antes en la historia, la supervivencia de la especie humana estuvo tan amenazada por el poder destructivo del capital. Es por lo tanto vital para la humanidad: superar y trascender el Capitalismo en el menor tiempo posible; porque la alternativa que se nos presenta, en el futuro cercano, se reduce a la simple contradicción “vida o muerte”.

“Es necesario trascender el Capitalismo, pero agrego yo, el Capitalismo no se va a trascender por dentro del mismo Capitalismo, no”, señaló el Presidente de Venezuela Hugo Chávez. Y agregó: “Al Capitalismo hay que trascenderlo por la vía del Socialismo. Por esa vía es que hay que trascender el modelo capitalista. El verdadero Socialismo es igualdad y justicia”.

Ahora, ¿de qué Socialismo hablamos cuando nos referimos al que trascenderá el sistema capitalista? “Es posible trascender el Capitalismo por la vía del Socialismo y más allá, en democracia ¡En democracia!”, afirmó Chávez en el mismo discurso.

Pero, vale aclarar que, Socialismo y democracia, no es lo mismo que socialdemocracia. Si los viejos socialdemócratas de fines del siglo XIX y principios del siglo XX defendían la tesis de que el capitalismo podía ser superado a través de la lucha parlamentaria, la imposición de leyes más justas y una suerte de reformas que “cambiarían” el Capitalismo hasta transformarlo en un modelo de corte socialista, la realidad demostró que esa tesis era errónea. Ese Socialismo reformista, que hoy pulula con diferentes rostros, con casas matrices en el norte y filiales en todo el planeta, fue aquel que defendió “la carga del hombre blanco” contra dos tercios de la población mundial. La primera y segunda guerra mundial, confrontación entre los países capitalistas por obtener la hegemonía planetaria, encontró a los socialdemócratas encolumnados con la burguesía de los países en pugna. Ese “socialismo” claudicante; nacionalista en los países imperialistas, cipayo en los países dominados, negociador y reformista, seudo democrático, censor de los movimientos nacionales de liberación del tercer mundo, racista y eurocentrista, no puede ser modelo para ningún país que pretenda avanzar en el siglo XXI hacia la liberación y la justicia social. El proyecto socialdemócrata, entonces, no es otra cosa que una variante, por “izquierda”, de “trascender el Capitalismo dentro del propio Capitalismo”; “capitalismo humanizado” como alternativa al “capitalismo salvaje”. El Socialismo “a la española”, “a la francesa” o ”a la alemana” lejos están de ser ejemplo para nuestros países y pueblos.

Por otro lado, y como ejemplo de Socialismo del siglo XX, aparece el modelo soviético, aquel que imperó en la URSS y los países del este europeo, durante más de medio siglo, y que demostró su inviabilidad al implosionar impregnado de corrupción, burocratismo, autoritarismo y diferentes variables de capitalismo con disfraz socialista. La genial obra de Lenín y las masas obreras rusas, sucumbió ante los embates contrarrevolucionarios de adentro y afuera.

Modelo soviético, socialdemocracia, socialismo chino, vía vietnamita, “juche” coreano, socialismo albanés, socialismo autogestionario yugoslavo, Socialismo de democracia directa de la Gran Jamahiriya Árabe Libia, etcétera, son o han sido manifestaciones concretas de Socialismo en el mundo entero. Búsquedas originales, experiencias, ideas materializadas en condiciones específicas y momentos históricos determinados, todas válidas a la hora de ser analizadas, estudiadas y observadas, pero ninguna apta para imitar o tomar como modelo; no porque sean malas experiencias. Muchas de ellas, al contrario, son valiosas y trascendentes, que brindan aportes sustanciales para determinadas áreas, pero inimitables por su condición única e irrepetible. El Socialismo es una idea general, un horizonte alcanzable, no abstracto, sino concreto, una alternativa real al modo de producción capitalista, en condiciones históricas determinadas, espacios físicos singulares y culturas específicas.

¿Qué Socialismo, entonces, necesitamos los latinoamericanos caribeños? ¿Cuál es el Socialismo del siglo XXI, que debe llevarnos, definitivamente, a una sociedad justa e igualitaria? No caben dudas de que será el Socialismo que logremos inventar, desde el aquí y ahora. Un Socialismo nacional, popular y democrático: el Socialismo Latinoamericano Caribeño, ¡nuestro socialismo!

En principio, deberemos construir un Socialismo sin desconocer los aportes de los grandes forjadores: Carlos Marx, Federico Engels, Rosa Luxemburgo, Antonio Gramsci, Lenín, Mao Tsé Tung, Ho Chi Ming, etcétera. Pero, fundamentalmente y esencialmente, con el aporte de todos aquellos que desde nuestra América bregaron por un socialismo no enajenado, criollo, enraizado con las luchas históricas populares, enfrentado al imperialismo y transitando el camino de la liberación nacional. Decía el peruano José Carlos Mariátegui: "no queremos que el Socialismo sea, en nuestro continente, un calco; tampoco queremos que sea copia. Tiene que ser una creación heroica". Y allí están las figuras y las obras de Manuel Ugarte, Carlos Prestes, José Carlos Mariátegui, Vivian Trías, René Zabaleta Mercado, Salvador de la Plaza, Carlos Delgado, Sergio Almaráz, Jorge Abelardo Ramos, Juan José Hernández Arregui, Alfredo Maneiro, Rodolfo Puigross, Rafael Nuñez Tenorio, Gerard Pierre Charles, Antonio García, Ernesto “Che” Guevara, Carlos Fonseca, Eduardo Astesano, Fidel Castro, Julio Antonio Mella, John William Cooke, Raúl Sendic, Miguel Enríquez, Gregorio Selser, Héctor Recabarren, Agustín Tosco, Farabundo Martí, Patricio Icaza, Francisco Bilbao, Jacobo Arenas, Jaime Hurtado y Salvador Allende, entre otros. Esas deben de ser las bases esenciales para tener presente a la hora de plantear el Socialismo del siglo XXI.

Ahora, como es bien conocido por todos, la lucha contra el imperialismo, la lucha por la liberación nacional es la primera tarea que los socialistas debemos enfrentar. Y esto implica un profundo conocimiento y compromiso con las banderas patrióticas, democráticas y de liberación. Un Socialismo desvinculado de las raíces históricas de nuestros pueblos será un Socialismo abstracto, inconsistente, alienado, invertebrado y meramente testimonial. Las luchas por la independencia no se agotaron aquel 9 de diciembre de 1824 en la pampa de Ayacucho, sino que continúan en las luchas del presente. Bolívar, Sucre, “hicieron algo grande –señala Hugo Chávez-, cumplieron la primera etapa de la jornada. Luego vino el frío, se congeló todo y luego la resurrección y aquí estamos nosotros, pero en la misma larga batalla”.

Ahí está la gran clave para el desarrollo de un Socialismo vigoroso y vital, trascendente y militante, ser concientes de que a las banderas históricas del patriotismo revolucionario le sumamos hoy las banderas del socialismo; que estamos en “la misma larga batalla” del Bolívar histórico. Un Socialismo nuestro, concebido como necesidad para alcanzar la justicia, la igualdad y la libertad. El Socialismo nuestro, el latinoamericano caribeño, será bolivariano o no será; será “creación heroica”, al decir de Mariátegui, o se perderá en los atajos de la copia y el calco.

El intelectual y revolucionario venezolano, Haiman El Trudi, en su libro “El salto adelante, la nueva etapa de la revolución”, nos ofrece algunas claves para aproximarnos al Socialismo que se está construyendo en la Venezuela bolivariana de cara al siglo XXI y que trasciende el Capitalismo: “ 1) Se trata de un Socialismo de nuevo tipo, que en nada se parece al capitalismo de Estado ni menos a las lógicas totalitarias, que en otras latitudes se reprodujeron en otros tiempos; 2) es un Socialismo originario que se está inventando a partir de la interpretación de la realidad venezolana y sus lazos históricos y socioculturales con los demás pueblos latinoamericanos caribeños; 3) es un Socialismo que reivindica los aciertos de otras experiencias del mundo y que contextualiza sus contenidos; 4) es un Socialismo que centra su fuerza y empuje en nuestras propias raíces libertarias, 5) es un Socialismo humanista, ambientalista, pleno de energía espiritual, que reivindica el amor, la paz, la solidaridad, la justicia y la libertad; 6) es un Socialismo desmitificado, que no transgrede las libertades y derechos humanos y que enfoca en el bien común toda su atención; 7) es un Socialismo consustanciado con los tiempos de la historia que se va escribiendo a ritmos acelerados; 8) es un Socialismo, que se parece poco a los socialismos del siglo XX; 9) es un Socialismo construido en colectivo y alimentado por diversas vertientes del pensamiento; 10) es un Socialismo que no aplica recetas ni fórmulas doctrinarias elaboradas por preclaros intelectuales; 11) es filosofía de la praxis animada por el bloque histórico Estado-Sociedad, y; 12) es la quietud en el ojo del huracán revolucionario. Es el centro de acción transformadora”.
Nuestro Socialismo del siglo XXI, entonces, caminará al ritmo de la conciencia de los pueblos, llevando adelante una profunda batalla ideológica contra el pensamiento capitalista dominante, continuando las históricas luchas por la unidad, la libertad y la justicia de los pueblos latinoamericanos caribeños, confraternizando con todos los pueblos del mundo, sin perder de vista el objetivo central -la felicidad del pueblo- y forjando, en la marcha, al hombre y mujer nuevo que salvará a la humanidad de la autodestrucción.

Lectura 14: TEORÍAS BÁSICAS PARA EL ANÁLISIS HISTÓRICO SOCIOLÓGICO-ACTUAL

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El estudio de la sociedad actual, igual que la sociedad de cualquier momento histórico, es tarea ardua, pues de lo que se trata es de entender la actuación humana, por encima de la individualidad, de entender sus acciones como un todo. La señal que caracteriza a la actualidad es la rapidez con que se están desarrollando los procesos, que se gestaron en acciones sociales anteriores, las cuales fueron conformando las ideas que hoy nutren el cuerpo social. Por eso, conocer cómo los seres humanos han intentado interpretar el funcionamiento de la sociedad para encontrar respuestas a sus propias necesidades de convivencia, es de considerable importancia, porque nos permite entender cómo se concibe en la actualidad el fenómeno social. Es este intento lo que da lugar al surgimiento de una disciplina de carácter científico, como es la Sociología, que estudia la organización social como fenómeno observable y descriptible. Veamos, a grandes rasgos, cuáles son esas corrientes, que impulsaron el pensamiento social de nuestro presente.

Comienzan a surgir, a mediados del siglo XIX y durante el XX, diversas teorías explicativas del fenómeno social. Es importante entender que estas teorías, si bien es cierto resultan innovadoras, recogen problemas, ya planteados por la filosofía y el pensamiento político y forman parte de las reflexiones que, desde la cultura occidental, se hacen para atender problemas propios de las sociedades, que integran esta cultura. Nosotros somos integrantes de la cultura occidental, desde la llegada del español a territorio americano. Por lo tanto, no podemos permanecer ajenos al desarrollo social occidental. Muchos estudiantes ignoran a qué nos referimos cuando hablamos de cultura occidental; por eso, antes de explicar las corrientes sociológicas, dediquemos un breve espacio para explicar esto.

La cultura occidental nace en la Grecia antigua. Se comienza a conformar con los ideales que caracterizaron al pueblo griego. La cultura griega aportó al mundo las bases del conocimiento científico, pilar fundamental de la cultura occidental. De su genio creador y preocupación por comprender el mundo que los rodeaba, crearon la filosofía, el arte de la comedia, la poesía, la historia; dieron grandes aportes a la matemática, física, escultura, arquitectura, religión y la educación, entre otros aportes.

Todo este genio creador, que en un principio se circunscribió a las comarcas griegas, comienza a extenderse por todo el orbe conocido hacia el año 334, cuando Alejandro El Grande, hijo de Filipo rey de Macedonia (Ciudad-Estado griega), inicia sus conquistas militares y políticas, llegando a dominar desde Persia hasta la India. Por toda esta vasta extensión territorial Grecia fue imponiendo su estilo de vida y manera de comprender el mundo.

Esta cultura griega continúa preponderante, a través de las conquistas romanas y el establecimiento del Imperio Romano. Roma sentó sus bases culturales sobre las de Grecia y la expandió con su imperio. Los elementos griegos se unen a los de Roma y dan lugar a lo que se ha llamado la cultura grecolatina. Estos valores fundamentales, además de la ciencia como fundamento de la existencia humana, se unieron con reflexiones posteriores y se expresan hoy en la aceptación de acciones sociales, políticas, económicas y hasta religiosas, vertidas en los fundamentos actuales: democracia, libre pensamiento, libre mercado, derechos humanos y cristiandad (católica y protestante).

POSITIVISMO

La primera de estas teorías, y la que da origen a la Sociología como ciencia, fue el Positivismo. Éste nace en un momento histórico en que las disciplinas científicas comienzan a entronizarse como ciencias de la verdad. Todos los procesos naturales eran sometidos a la observación y la experimentación. El cientificismo se extiende hasta la reflexión en torno a las actuaciones humanas. Desde el punto de vista político y económico, el ambiente europeo está marcado por los principios del Liberalismo.

Surge a finales del siglo XIX e inicios del XX, pero sus antecedentes se remontan al escepticismo del escocés David Hume (1711-1776), el racionalismo del alemán Inmanuel Kant (1724-1804) y al pragmatismo del francés Claude Saint-Simon (1760-1825). Esta corriente fue liderada por Auguste Comte (1798-1857) y John Stuart Mill (1806-1873)

Augusto Comte pensó que la sociedad era un fenómeno científico, que se podía estudiar como un todo y de su estudio surgirán principios generales a toda sociedad. Estos principios serán lo suficientemente válidos como para conformar en los seres humanos una acción social, que conduzca a la fraternidad y solidaridad entre ellos, pues formarán acciones y creencias comunes. A esta ciencia capaz de crear esa reforma llamó Sociología.

El Positivismo aportó a la búsqueda humana la comprensión de que el ser es capaz de encontrar respuestas lógicas al mundo físico que le rodea, así como a todo lo que atañe a sus acciones y se convirtió en un enemigo ideológico de los principios religiosos, fundamentalmente del Cristianismo, considerados ideas erradas, porque apartaban al ser humano de la realidad. El conocimiento verdadero es sólo el que se origina de la experiencia.

De esta manera, busca en la ciencia la única vía capaz de aportar el conocimiento y, a través de ella, se domina y comprende a la naturaleza y a la sociedad misma, ambas instancias partes del mundo real. Sólo lo visible puede verificarse, cuantificarse y transformarse. Por lo tanto, el conocimiento sólo se origina de la experiencia y a través de él es posible construir una sociedad, que provea a sus integrantes bienestar y progreso. Como los hechos son la realidad científica, esta doctrina hizo de la disciplina histórica uno de sus pilares fundamentales.

FUNCIONALISMO

El Funcionalismo, de origen inglés, es una corriente sociológica del siglo XX y se origina en estudios del campo antropológico. Tuvo gran influencia en los Estados Unidos. Sus principales exponentes fueron, en Europa, Bronislaw Malinowski (Polonia. 1874-1942), Radcliffe-Brown (Inglaterra. 1881-1955), Evans Pritchard (Inglaterra. 1902-1973); en Estados Unidos, Talcot Parson (1902-1979) y Robert Merton (1910-2003)

En esta corriente se sostiene que la cultura conforma un todo inseparable y tiene su origen en los hechos sociales; es decir, es un hecho social, lo que significa que la sociedad actúa como un organismo vivo, con una serie de funciones que se complementan entre sí, pero que forman un cuerpo, un todo armónico. Por lo tanto, es una ideología de carácter holístico. De esta manera, la sociedad es concebida como un organismo biológico, donde cada una de sus partes cumple una función y se le percibe como un sistema, donde cada de sus partes cumple un papel o rol bien determinado.

MARXISMO

Esta corriente surge con el alemán Carlos Marx (1818-1883) y el prusiano Federico Engels (1820-1895), como respuesta a los socialistas utópicos, quienes, según Carlos Marx, habían interpretado la realidad social, pero no poseían ninguna propuesta para transformarla. Sienta las bases de su análisis en el estudio de las organizaciones humanas y la manera cómo se han organizado para la sobrevivencia; por lo tanto, el eje central de estudio son las relaciones económicas, las relaciones que surgen producto de la manera cómo se organizan para la producción material.

Erróneamente se ha visto al Marxismo como una ideología que propugna la violencia, a causa de una mala interpretación del llamado que hacen Engels y Marx a la transformación social, a través de procesos revolucionarios como único medio posible para acabar con la dominación del sistema capitalista.

Rafael Pla León (2003) nos explica que generalmente se ha confundido Marxismo con Comunismo, pero la diferencia es distinguible en el hecho de que las relaciones que se le establecen comprenden la esfera de un movimiento real. Pero, el Marxismo es un fenómeno intelectual, una reflexión que surge a partir de una interpretación de la realidad. Como filosofía, intentó explicar la sociedad capitalista de su tiempo. En tal sentido, Pla nos enfatiza que: ”Es cierto que el Marxismo tendría una estrecha relación con el movimiento obrero, o con los partidos comunistas formados en su seno; pero, esto no es motivo para no saber distinguir que son cosas diferentes y que su identificación obedece a circunstancias muy concretas y específicas”.

La confusión se presenta porque tanto Marx como Engels fueron activistas del movimiento obrero, al punto de ser impulsadores de la creación del Movimiento Obrero Internacional, en la Primera Internacional Comunista. El Comunismo es la acción que se desprende de la práctica social comunitaria, sustentada en los estudios de Marx sobre la manera de organización comunitaria de sociedades en la génesis de la sociedad humana, a lo que llamó “Comunismo primitivo”, como prueba histórica de que los seres humanos pueden convivir de manera solidaria y en condiciones de igualdad social. Para estos autores, el gran conflicto de la humanidad fue el surgimiento de la desigualdad social, cuando la sociedad comienza a dividirse en clases. Surgen, entonces, clases sociales que dominan y clases sociales dominadas.

Estas clases sociales, según la teoría de Marx, en algún momento de su desarrollo histórico, entran en contradicciones y surgen, así, las luchas, unas para liberarse y otras para perpetuar la dominación.

ESTRUCTURALISMO

Es una corriente de pleno auge del siglo XX. Se desarrolla a partir de los años sesenta y vino a ser una respuesta al Marxismo y al Funcionalismo. Tiene su origen en los análisis lingüistas del belga Ferdinand de Saussure (1857-1913), el cual explicó el funcionamiento lingüístico, a través de la manera cómo se organizan los elementos de una lengua; es decir, desde la estructura gramatical, de eso que nosotros llamamos gramática.

Los estudios de Saussure inspiraron al antropólogo belga Lévi-Strauss (nacido en Bruselas en 1908). El estudio de la estructura de la lengua sirvió a Lévi-Strauss para explicar a la sociedad humana desde las estructuras sociales y no desde las acciones individuales; es decir, para este autor, la acción colectiva obedece a patrones sociales, a unidades que constituyen el todo, pero que deben ser desglosadas para su estudio. Estas unidades forman una red que es el tejido social. Todo hecho humano entraña una estructura y para comprenderla hay que entender el hecho y su cadena.

Bien, como podemos percibir, cada una de estas corrientes ha aportado un aspecto fundamental para el conocimiento de la sociedad humana, no sólo desde el punto de vista de su evolución, sino también para la comprensión de su funcionamiento y conformación. He aquí la importancia de este breve recorrido por estas corrientes del análisis sociológico.

TEORÍA KEYNESIANA

John Maynard Keynes fue un conocido economista británico, nacido en Cambridge, el año de 1883. Su teoría económica cuestionó y prácticamente echa por tierra, principios fundamentales de la teoría económica clásica. La teoría clásica económica sostenía que, de manera natural en las leyes del mercado y en algún momento de su despliegue, llega a igualarse la oferta y la demanda. A mayor demanda, la oferta baja sus precios en el mercado e incrementa el acceso al campo de trabajo y decrece el desempleo. El papel que debía cumplir el Estado era sólo de resguardo y apoyo al sector económico.

A partir de 1929, se desencadena una profunda crisis económica a nivel mundial, que puso en peligro la economía mundial, la cual se sustentaba en el “patrón oro”, originada por la caída de la bolsa de valores de Nueva York. Esta crisis originó un considerable contingente de desempleados y develó la vulnerabilidad de esta premisa sustentada por los economistas clásicos.

Keynes, al analizar esta crisis comprende, primero, la necesidad de sustentar la economía mundial en un patrón diferente al oro. Hasta entonces, la mayoría de los economistas y de los responsables de las políticas económicas habían aceptado los altibajos de los ciclos económicos como inevitables y fueron precisamente estas ideas lo que les impidió hacer frente a la depresión de los años 30. Sin embargo, Keynes, con una nueva teoría, analiza la causa de los ciclos económicos en los que se alternan períodos de elevado desempleo y elevada inflación, sugiriendo, además, a los gobiernos cómo podían controlar los peores excesos de los ciclos económicos.

Keynes expuso un doble argumento. En primer lugar, afirmó que en las economías de mercado es posible que el desempleo sea elevado y que se sub-utilice la capacidad. Además, afirmó que la política fiscal y monetaria puede influir en la producción y reducir así el desempleo y acortar las recesiones económicas.

Estas proposiciones provocaron grandes controversias; pero, después de la Segunda Guerra Mundial, la economía keynesiana acabó dominando la macroeconomía y la política económica de los gobiernos. Durante la década de los años sesenta del siglo XX, casi todos los análisis de la política macroeconómica se basaron en la visión keynesiana del mundo.

En la actualidad, pocos economistas creen que la política de los gobiernos puedan eliminar los ciclos económicos, como prometía la teoría de Keynes, ya que ni la economía ni la política han sido las mismas desde la publicación de su teoría.

NEOLIBERALISMO

El Neoliberalismo es una teoría hija de fines del siglo XX y vigente en la actualidad del siglo XXI. Con este vocablo se caracteriza a una serie de postulados económicos, filosóficos, sociales y políticos, que retoman fundamentos básicos del Liberalismo, surgido durante el siglo XVIII en Europa. Estos principios básicos son los de la libre empresa, la competencia del mercado, gobiernos, que amparen la dinámica de la producción capitalista y una ideología de carácter global que sostiene la necesidad y virtud de la economía de mercado capitalista.

El científico, de origen alemán y radicado en Costa Rica, Franz Hinkelanmert (2005. “El sujeto y la ley”), define el Neoliberalismo como “la sociedad del cálculo”. Para el colombiano Enrique Russel (2006. El discurso teórico del pensamiento neoliberal). El pensamiento neoliberal se sustenta en la idea y creación de una gran sociedad, cuyos principios fundamentales son la libertad económica, de los individuos y el mercado como principal institución económica y social. En tal sentido, el mercado se convierte en la única y exclusiva realidad en el Neoliberalismo.

Continúa señalando Dussel, que la condición para el mercado es la libre competencia, vivencia da en la libertad individual, la libertad de la propiedad privada y la libertad de los precios. Por eso, para Dussel, los grandes enemigos del Neoliberalismo son el nacionalismo y el Socialismo. Está basado en un “complejo desarrollo metodológico y teórico”, que relaciona la supuesta superioridad del mercado de la libertad individual y un supuesto orden espontáneo, que brota de la dinámica del mercado.

Para Dussel, el Neoliberalismo posee una misión de lo humano, violenta y agresiva y va en contra de “cualquier tipo de planificación, la justicia social, el nacionalismo constructivo y cualquier tipo de utopía, que no está fundada en el mercado y sus mecanismos”.

Actividad Práctica 4.

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Bienvenidos (as) . estudiantes de las secciones I041, I042. I043

  Asignacion:

Después de realizar y analizar la lectura: “Aristóteles y la democracia”, extrae y enumera las principales características o ideas del pensamiento político-social de Aristóteles.

PARA CUMPLIR CON LOS REQUISITOS EXIGIDOS POR LA UNIVERSIDAD, EN LO QUE RESPECTA A LAS HORAS ASISTIDAS, ESTA ACTIVIDAD DEBE SER CONTESTADA EN ESTA PÁGINA (NO POR CORREO) 

 


La fecha para esta investigacion se entregara en la clase presencial, sin embargo ve adelantando .

REÚNETE EN GRUPO E INVESTIGA LAS CORRIENTES SOCIOLÓGICAS DE LOS SIGLOS XVIII AL XX, CON LA FINALIDAD DE DEBATIRLAS EN EL AULA.

Liberalismo, Positivismo, Estructuralismo, Marxismo. Teoría Keynesiana y Teoría Neoliberal. El Socialismo: tendencias en el siglo XXI.

Lectura 13: ARISTOTELES Y LA DEMOCRACIA

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Aristóteles del Griego clásico: ριστοτέλης, Aristotélēs (Griego moderno: Αριστοτέλης, Aristotélis), (Estagira, Macedonia 384 adC - Calcis Eubea, Grecia 322 adC)

Aristóteles, filósofo griego nacido en la ciudad de Estagira, Macedonia, vivió entre los años 384 a 322 a. de C. Fue alumno de Platón y fundador del Liceo o Escuela Peripatética. Maestro y guía de Alejandro, hijo de Filipo de Macedonia, conocido como Alejandro Magno.

Fue un gran crítico de la política de su tiempo. Percibió el profundo deterioro que existía en las instituciones políticas griegas, especialmente la democracia. Una larga estancia en Atenas, le permitió conocer las bacterias que corroían el sistema democrático ateniense. Apegado a las más lejanas tradiciones de justicia e igualdad –ya casi olvidadas en su época- elabora una teoría política tendiente a sanear el deterioro; política que debía ser de fácil ejecución y no ideal, porque sabía que las ideas tienen que encarnarse en la praxis para transformar la realidad social.

La producción intelectual ateniense de la antigüedad buscaba la conformación de una sociedad equilibrada y justa, más humana, pero esta producción surge, precisamente, para replantearse una realidad que desdecía los principios de la convivencia comunitaria. El vasto imperio que Atenas había logrado controlar a expensas del sometimiento y la injusticia, fue creando una conciencia colectiva de casi legitimación de la agresión y la explotación. Los primeros intentos de justicia democrática, como los de Solón (640-558 a. de C.) y Pisístrato (600 – 527 a. de C.) formaban parte del pasado glorioso de la floreciente ciudad.

Siguiendo a Massimo Venturi ( 1979. “Aristóteles y la cuestión de la democracia”), Aristóteles era conocedor de la apropiación de los principios de la isonomía por parte de la democracia ateniense; de allí que no separe un concepto del otro: democracia es aquel estado donde todos los ciudadanos son iguales ante la ley (isonomía), donde hay también igualdad para participar en los negocios públicos (isegoría), así del poder (isocratía).

Dentro de la democracia ateniense que le toca vivir, el espacio ganado por las luchas reivindicativas de las clases populares –entiéndase sin derechos ciudadanos, pues sólo eran ciudadanos los nacidos griegos y poseedores de riquezas- se tornan en momentos violentos y apasionados que sustentaban el imperialismo ateniense, creándose una alianza del democratismo con el imperialismo y la violencia. Esta actitud, según Ventura, crea en la democracia ateniense un repliegue de los espíritus ilustrados y una negación a la aproximación al pueblo, porque aún se creían superiores al vulgo inculto y apasionado y también porque no supieron captar las necesidades de la doctrina de la comunidad humana y de la justicia, la ineficaz dirección del estado ateniense, el descuido en los servicios públicos, derroches en la administración, discusiones estériles de la asamblea, cuyas decisiones en nada ayudaban a las necesidades del pueblo, distribución injusta de las riquezas, un pueblo alcahuete que vivía a costa del erario público, buscando aquí y allá beneficio particular, sacrificando el común, pérdida de la tradición. En síntesis, la pérdida de ideales y prácticas que distinguieron a la ciudad-estado y que se fueron diluyendo y con ello las posibilidades de instaurarse la libertad.

La teoría política de Aristóteles es una teoría moral. Piensa que el Estado se forma, en primer término, para un fin moral y no solamente para satisfacer las necesidades materiales. Los conceptos de igualdad y justicia son el hilo conductor de su ideal, de su “Política”, igualdad y justicia que debe estar basada en la ley y la areté (virtud), la moral y la ética como consecuencia de la virtud. En las democracias, donde la ley gobierna no hay demagogia; pero, cuando la ley ya no es soberana aparecen los demagogos del pueblo, de modo, pues, que para que exista un buen gobierno es necesario obedecer a la ley y que la ley obedecida esté fundada en la razón. En la democracia, la igualdad exige que los pobres no tengan más poder que los ricos, que no sean los pobres los únicos soberanos, sino que la soberanía se ejerza en el justo equilibrio de fuerzas, que la decisión de unos y otros cuente, que los dos sectores sean ley, porque la democracia sustentada en la igualdad y fundada en la ley es la mejor. Al igual que Platón, la democracia no es para Aristóteles el mejor sistema, pero si existe debe ser sana y justa.

A la luz de estas observaciones, Aristóteles consideró degenerada a la democracia de su época, es decir, demagógica, un gobierno de fácil sustentación, alegando que el basamento de la ley era necesario. Porque a los seres humanos no les gusta el orden ni la disciplina y rechazan una vida ordenada y regular.

Aristóteles ve en la riqueza producto del mercantilismo, la cual considera no natural, un canal por donde se cuelan los males y la inestabilidad. Nos dice Ventura, que esta aseveración la hace Aristóteles, porque ve que de la disgregación de la polis nacen, al mismo tiempo, imperialismo y acumulación. De allí que la acumulación monetaria (hoy decimos de capital) sea materialmente dañina, porque está presente en él, el ideal autogestionario (hoy diremos endógeno) de las polis soberanas; ideal que se pierde en la democracia ateniense del siglo IV, porque en ella se encarnó la nación, disgregando la capacidad colectiva de autosuficiencia económica; la nación ayuda a sus integrantes a vivir, pero no a vivir bien, como en la polis.

Lectura 12: PLATON

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Platón (en griego Πλάτων)

(ca.427 adC./428 adC.–347 adC.)

Platón fue un filósofo griego, originario de la ciudad de Atenas, que vivió, aproximadamente, entre los años 427 a 347 a. de C. Su obra conocida como “La República”, escrita en forma de diálogo, cuyo título original es “Régimen o gobierno de la Polis”, permite catalogarlo como un verdadero reformador político y social. Su importancia radica en que ha sido fuente de inspiración de importantes corrientes filosóficas, religiosas, políticas y sociales.

SOCIEDAD Y POLÍTICA

(…) Para Platón la sociedad es el medio de vida "natural" del hombre. Si atendemos a las características de la vida humana, en efecto, podremos observar que el hombre no es autosuficiente, ni en cuanto a la producción de bienes materiales necesarios para su supervivencia, ni en cuanto a los aspectos morales y espirituales que hacen de la vida del hombre algo propiamente humano. Las tendencias que inclinan al hombre al amor, a la amistad y a la convivencia en general, son tendencias naturales, por lo que no tendría sentido pensar que el medio, necesariamente social, en el que se desarrollan, fuera algo no-natural. Esta teoría de la "sociabilidad natural" del hombre será mantenida posteriormente también por Aristóteles.

LA VIDA SOCIAL DE LOS HUMANOS

Por lo demás, forma parte de las convicciones sociales, firmemente asentadas en la época, la idea de que la vida del hombre se identifica, de alguna manera, con su vida social. El predominio de la ciudad-estado, como forma de organización de la vida social en Grecia, fortalecía el predominio de la vida comunal, hasta el punto de que difícilmente se podría concebir la vida del hombre manteniéndose ajena al Estado; no obstante, esa tendencia debía ser compatible con el individualismo, que también se manifiesta en la vida y en las tradiciones culturales griegas. De ahí las similitudes que establecerá Platón en la República entre la moral individual y la moral colectiva, o entre el gobierno de los bienes individuales y el gobierno de los bienes colectivos, que le permitirá comparar la naturaleza del hombre y la naturaleza del Estado, con el fin de avanzar en sus investigaciones. Además, hemos visto que para Platón tenía que existir el Bien en sí (la Idea de Bien), por lo que difícilmente la referencia del buen comportamiento del individuo puede ser distinta de la del buen comportamiento del Estado. Tiene que existir un único modelo de comportamiento moral. Y ese modelo ha de tener un carácter absoluto.

LA TEORÍA POLÍTICA DE PLATÓN

Platón nos expone su teoría política, - que será revisada en el Político y en Las Leyes -, en la República, obra perteneciente a su período de madurez. La República es una obra que tiene por objeto de discusión determinar en qué consiste la justicia. Consta de diez libros, que podemos agrupar en cinco partes, según los temas tratados: a) el libro primero en el que se plantea el tema de qué es la justicia, sería una especie de prólogo, al que seguirían b) los libros II, III, y IV que tendrían por objeto estudiar la justicia en la ciudad ideal, c) cuyas formas de organización, de gobierno, características de sus clases sociales, etcétera, se establecerán en los libros V , VI y VII; d) estudiando, posteriormente, los males que arrastran a las ciudades hacia la ruina, la injusticia, en los libros VIII y IX; e) terminando la obra con la condena de la poesía y de aquellas formas de arte que nos muestran una mala imagen de las cosas, así como con una reflexión sobre el destino final del alma. Por supuesto que, en el curso de las sucesivas discusiones, serán tratados en la República otros temas de no menor importancia en la obra de Platón, como ya hemos visto anteriormente (teoría de las Ideas, antropología, teoría del conocimiento).

El tema “¿Qué la justicia?”, se plantea, pues, en el libro primero, ofreciéndose diversas soluciones, según la opinión de los hombres buenos, la de los sofistas, etc., encargándose Sócrates, como es habitual en los diálogos platónicos, de demostrar las insuficiencias de las definiciones de justicia aportadas. Se plantea, entonces, la necesidad de encontrar un método que permita llegar a esa definición de un modo más preciso.

Sócrates recalca la necesidad de que la virtud, en este caso la justicia, sea común al hombre y a la ciudad; podríamos buscarla, por lo tanto, en uno y en otra; pero, dada la mayor magnitud de la ciudad deberá estar la justicia inscrita en ella con caracteres más gruesos que en el individuo y, por lo tanto, más fáciles de encontrar. Pero, como no hay ninguna ciudad conocida de la que realmente podamos decir que es justa, Sócrates propone la creación de una ciudad ideal: siendo una sociedad perfecta no podrá carecer de ninguna perfección y deberemos encontrar en ella la justicia.

LA SOCIEDAD IDEAL

¿Cómo sería, pues, la ciudad ideal? Dado que la ciudad debe existir para satisfacer las necesidades de los hombres, ya que estos no son independientes unos de otros ni autosuficientes para abastecerse, el primer fin que debe garantizar toda sociedad es un fin económico. Los hombres tienen diferentes capacidades y habilidades, siendo preferible que cada uno desarrolle las que posee por naturaleza, lo que introduce la división del trabajo en la organización de la sociedad. En una ciudad ideal deberán existir, por lo tanto, todo tipo de trabajadores: granjeros, carpinteros, labradores, herreros, etc., de modo que todas las necesidades básicas queden garantizadas. En una ciudad ideal no puede faltar de nada. Sin embargo, continúa Sócrates, una sociedad que sólo atendiera las necesidades materiales básicas sería una sociedad demasiado dura, pues el hombre necesita también satisfacer otras tendencias de su naturaleza, relacionadas con el arte, la poesía, la diversión en general, etc.. El fin de la ciudad, que comienza siendo estrictamente económico, no se limita a la producción de bienes, sino que se encamina más bien a hacer posible una vida feliz para el hombre. A medida que la sociedad aumenta en número de ciudadanos, los recursos necesitan ser ampliados, lo que puede dar lugar a la conquista de territorios vecinos para satisfacer las necesidades de todos, conduciendo a la guerra; pero, si seguimos el mismo principio de división del trabajo tendrá que haber especialistas en la guerra, que sean los encargados exclusivamente de las actividades bélicas, a los que Sócrates llamará guardianes de la ciudad. Falta todavía algo en esta ciudad ideal: determinar quiénes serán los encargados de gobernarla. A la clase de los artesanos y de los guardianes hemos de añadir una tercera clase: la de los gobernantes. Estos serán elegidos entre los mejores de los guardianes, que serán llamados desde entonces "auxiliares", reservando el de guardianes, para la clase de los gobernantes.

Del análisis de las necesidades sociales, que debe cubrir una sociedad ideal, deduce Sócrates, pues, la necesaria existencia de tres clases sociales: la de los artesanos, la de los guerreros o auxiliares y la de los gobernantes o guardianes. Pero, cada una de estas clases ha de tener unas características distintas a las que poseen en la sociedad actual, dice Sócrates. La clase de los artesanos, que generalmente realiza las actividades productivas, pero no obtiene los beneficios económicos de su producción, lo que es fuente de conflictos, ha de ser en la ciudad ideal la poseedora de la riqueza; del mismo modo será la única clase que tenga derecho a la propiedad privada y a la familia y ha de permitírsele disfrutar de los goces materiales que derivan de la posesión de la riqueza.

La clase de los guerreros o auxiliares, por el contrario, no puede tener acceso la riqueza, para evitar la tentación de defender sus intereses privados en lugar de los intereses colectivos y terminar utilizando la fuerza contra los ciudadanos; estarán desprovistos de propiedad privada y tampoco tendrán familia, debiendo vivir en unos barracones en los que tengan todo lo necesario para realizar sus actividades, en los que vivirán de forma comunitaria, compartiéndolo todo, hombres y mujeres, pues no hay ninguna razón para excluir a las mujeres de ningún tipo de actividad, ya que tanto en el hombre como en la mujer se encuentran similares dones o cualidades naturales, igualmente útiles para la ciudad. Tampoco la clase de los verdaderos guardianes, o gobernantes, tendrá acceso a la propiedad privada ni a la familia, debiendo velar únicamente por el buen gobierno de la ciudad; deberán centrarse en el estudio a fin de conocer lo bueno para gobernar adecuadamente la ciudad, por lo que su vida estará alejada de todas las comodidades innecesarias para cumplir su función ¿Cómo se determinará quiénes han de pertenecer a una u otra de estas clases sociales? Será necesario para ello establecer un proceso educativo en el curso del cual se podrá determinar qué tipo de naturaleza tiene cada hombre y, por lo tanto, a qué clase social ha de pertenecer. Aquí Sócrates establece una comparación entre la naturaleza del Estado y la naturaleza del individuo: del mismo modo que en el estado encontramos tres clases sociales, encontramos en el individuo tres partes del alma, correspondiéndole una virtud a cada una de ellas.

El paralelismo entre la moral individual y la moral del Estado permite establecer que la virtud que corresponde a cada clase social ha de corresponder a los individuos que la constituyen. La virtud de la clase de los artesanos es la templanza, es decir, el disfrute con moderación de los bienes materiales; la virtud propia de la clase de los guerreros o auxiliares es la valentía o coraje y la virtud propia de los verdaderos guardianes gobernantes es la sabiduría. Ahora bien, estas tres virtudes pertenecen, cada una de ellas, a una parte del alma: la sabiduría al alma racional, la valentía al alma irascible y la templanza al alma concupiscible. Aquellos en quienes domine el alma racional han de pertenecer, por lo tanto, a la clase de los verdaderos guardianes o gobernantes; en quienes predomine el alma irascible, a la clase de los guerreros o auxiliares y en quienes predomine el alma concupiscible, a la clase de los artesanos. Habiendo determinado la virtud que corresponde a cada clase social, estaremos en condiciones de determinar en qué puede consistir la justicia en la ciudad ideal: la justicia consistirá, no pudiéndose identificar con la sabiduría, ni con el coraje, ni con la templanza, en que cada clase social (y cada ciudadano) se ocupe de la tarea que le corresponde. La injusticia consistirá en la injerencia arbitraria de una clase social en las funciones de otra: que los auxiliares o los artesanos pretendan gobernar, por ejemplo:

 

Correspondencia entre las clases sociales, tipos de alma

y virtudes

Clase social

Tipo de alma

Virtud

Gobernantes

Racional

Sabiduría

Guerreros

Irascible

Coraje

Artesanos

Concupiscible

Templanza

Si la pertenencia a una clase social viene determinada por la naturaleza del alma y no por herencia, una sociedad tal ha de dar una importancia primordial a la educación. Será, en efecto, a través de ese proceso educativo como se seleccionen los individuos, que han de pertenecer a cada clase social, en función de su tipo de alma y qué tipo de educación ha de recibir cada individuo, en función de la clase social a la que deba pertenecer. En la República establece Platón detalladamente el programa de estudios que debería imperar en la ciudad ideal, haciendo especial hincapié en la educación de los gobernantes. Todos los niños y niñas deberían recibir inicialmente la misma formación. Platón considera que la educación recibida en los primeros años de la vida es fundamental para el desarrollo del individuo, por lo que en la ciudad ideal nadie ha de ser privado de ella, ni en razón de su sexo ni por ninguna otra causa. El proceso educativo tiene, al mismo tiempo que un objetivo formativo, la misión de determinar qué tipo de alma predomina en cada individuo, es decir, su naturaleza, en virtud de la cual formará parte de una u otra clase social.

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