Lectura 13: ARISTOTELES Y LA DEMOCRACIA
Aristóteles del Griego clásico: Ἀριστοτέλης, Aristotélēs (Griego moderno: Αριστοτέλης, Aristotélis), (Estagira, Macedonia 384 adC - Calcis Eubea, Grecia 322 adC)
Aristóteles, filósofo griego nacido en la ciudad de Estagira, Macedonia, vivió entre los años 384 a 322 a. de C. Fue alumno de Platón y fundador del Liceo o Escuela Peripatética. Maestro y guía de Alejandro, hijo de Filipo de Macedonia, conocido como Alejandro Magno.
Fue un gran crítico de la política de su tiempo. Percibió el profundo deterioro que existía en las instituciones políticas griegas, especialmente la democracia. Una larga estancia en Atenas, le permitió conocer las bacterias que corroían el sistema democrático ateniense. Apegado a las más lejanas tradiciones de justicia e igualdad –ya casi olvidadas en su época- elabora una teoría política tendiente a sanear el deterioro; política que debía ser de fácil ejecución y no ideal, porque sabía que las ideas tienen que encarnarse en la praxis para transformar la realidad social.
La producción intelectual ateniense de la antigüedad buscaba la conformación de una sociedad equilibrada y justa, más humana, pero esta producción surge, precisamente, para replantearse una realidad que desdecía los principios de la convivencia comunitaria. El vasto imperio que Atenas había logrado controlar a expensas del sometimiento y la injusticia, fue creando una conciencia colectiva de casi legitimación de la agresión y la explotación. Los primeros intentos de justicia democrática, como los de Solón (640-558 a. de C.) y Pisístrato (600 – 527 a. de C.) formaban parte del pasado glorioso de la floreciente ciudad.
Siguiendo a Massimo Venturi ( 1979. “Aristóteles y la cuestión de la democracia”), Aristóteles era conocedor de la apropiación de los principios de la isonomía por parte de la democracia ateniense; de allí que no separe un concepto del otro: democracia es aquel estado donde todos los ciudadanos son iguales ante la ley (isonomía), donde hay también igualdad para participar en los negocios públicos (isegoría), así del poder (isocratía).
Dentro de la democracia ateniense que le toca vivir, el espacio ganado por las luchas reivindicativas de las clases populares –entiéndase sin derechos ciudadanos, pues sólo eran ciudadanos los nacidos griegos y poseedores de riquezas- se tornan en momentos violentos y apasionados que sustentaban el imperialismo ateniense, creándose una alianza del democratismo con el imperialismo y la violencia. Esta actitud, según Ventura, crea en la democracia ateniense un repliegue de los espíritus ilustrados y una negación a la aproximación al pueblo, porque aún se creían superiores al vulgo inculto y apasionado y también porque no supieron captar las necesidades de la doctrina de la comunidad humana y de la justicia, la ineficaz dirección del estado ateniense, el descuido en los servicios públicos, derroches en la administración, discusiones estériles de la asamblea, cuyas decisiones en nada ayudaban a las necesidades del pueblo, distribución injusta de las riquezas, un pueblo alcahuete que vivía a costa del erario público, buscando aquí y allá beneficio particular, sacrificando el común, pérdida de la tradición. En síntesis, la pérdida de ideales y prácticas que distinguieron a la ciudad-estado y que se fueron diluyendo y con ello las posibilidades de instaurarse la libertad.
La teoría política de Aristóteles es una teoría moral. Piensa que el Estado se forma, en primer término, para un fin moral y no solamente para satisfacer las necesidades materiales. Los conceptos de igualdad y justicia son el hilo conductor de su ideal, de su “Política”, igualdad y justicia que debe estar basada en la ley y la areté (virtud), la moral y la ética como consecuencia de la virtud. En las democracias, donde la ley gobierna no hay demagogia; pero, cuando la ley ya no es soberana aparecen los demagogos del pueblo, de modo, pues, que para que exista un buen gobierno es necesario obedecer a la ley y que la ley obedecida esté fundada en la razón. En la democracia, la igualdad exige que los pobres no tengan más poder que los ricos, que no sean los pobres los únicos soberanos, sino que la soberanía se ejerza en el justo equilibrio de fuerzas, que la decisión de unos y otros cuente, que los dos sectores sean ley, porque la democracia sustentada en la igualdad y fundada en la ley es la mejor. Al igual que Platón, la democracia no es para Aristóteles el mejor sistema, pero si existe debe ser sana y justa.
A la luz de estas observaciones, Aristóteles consideró degenerada a la democracia de su época, es decir, demagógica, un gobierno de fácil sustentación, alegando que el basamento de la ley era necesario. Porque a los seres humanos no les gusta el orden ni la disciplina y rechazan una vida ordenada y regular.
Aristóteles ve en la riqueza producto del mercantilismo, la cual considera no natural, un canal por donde se cuelan los males y la inestabilidad. Nos dice Ventura, que esta aseveración la hace Aristóteles, porque ve que de la disgregación de la polis nacen, al mismo tiempo, imperialismo y acumulación. De allí que la acumulación monetaria (hoy decimos de capital) sea materialmente dañina, porque está presente en él, el ideal autogestionario (hoy diremos endógeno) de las polis soberanas; ideal que se pierde en la democracia ateniense del siglo IV, porque en ella se encarnó la nación, disgregando la capacidad colectiva de autosuficiencia económica; la nación ayuda a sus integrantes a vivir, pero no a vivir bien, como en la polis.

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Muchisimas graacias!!, no sabes cuanto me ayudo este escrito cuntas dudas me aclaraste!!
bye^-^
ComeGalletas | 05-02-2009 - 19:44:20 GMT 1 #